Dr. Jacobo Dickson Hunter

¿Quién es Jacobo Dickson Hunter?

Sabio médico de sangre escosesa. Llegó al Perú en 1859. En 1861, a la edad de 24 años, llega a Arequipa. Aquí permaneció hasta su muerte en 1926. Benefactor de Arequipa. Gran difusor de las propiedades de las aguas de Yumina. Prestó asistencia médica por más de sesenta años en Arequipa. Amigo personal de varios Presidentes de la República y del ilustre tradicionista don Ricardo Palma. Durante la guerra con Chile contribuyó en la defensa del Perú. Así también contribuyó en defensa del Imperio Británico durante la Primera Guerra Mundial. Fue socio Fundador del Club Arequipa, miembro de la Sociedad de Beneficencia Pública, Presidente Honorario de la Sociedad Médica, entre otros. Ilustres hijos de Arequipa como Francisco Mostajo, Edmundo Escomel, Percy Gibson y muchos más reconocieron en sus trabajos, el aporte a la ciencia, la humanidad y abnegación del doctor Hunter.

El 1 de setiembre de este año se cumplieron 65 años de la muerte de uno de los grandes filántropos que ha tenido Arequipa. En los anales de la historia del Perú, dos son los escoceses que han contribuido mayormente en provecho de la nación. Uno de ellos, desde el campo militar, en la persona del ilustre marino Lord Cochrane, quien comandó la escuadra que transportó al Perú la expedición libertadora del general San Martín. El otro caso, desde el campo de la salud y el amor al prójimo, lo constituye la indiscutible presencia en Arequipa del médico Jaeobo Hunter.

Reseña Biográfica

Jacobo Dickson Hunter fue hijo de una muchacha llamada Susana y de Oswaido D. Hunter, ambos naturales del pueblo del Dollar, Condado de Clackmann, cerca de la ciudad de Edimburgo, Escocia. El matrimonio Hunter tuvo tres hijos, Oswaid y Janet nacidos en Bollar, y Jacobo, el menor, nacido circunstancialmente en la ciudad de Madison, Estado de Indiana, Estados Unidos un 8 de setiembre de 1837.

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El hecho de que el pequeño Jacobo naciera en los Estados Unidos, y no en Escocia como sus hermanos, se debió a que en 1837 su padre realizó junto a su madre y hermanos mayores un viaje, aparentemente con fines evangélicos, por dicho país toda vez que Os-waid D. Hunter fue pastor presbiteriano de tradición paterna.

A pocos meses de nacido el pequeño Jacobo, sus padres emprenden el regreso hacia Dollar. Aunque no es probable, cabe la posibilidad de que fuera inscrito bajo bandera británica (Unión Jack). No obstante, es oportuno señalar que, a pesar de haber nacido en los Es-Lados Unidos, Jacobo Hunter profesó, durante toda su vida un entrañable amor por Escocia.

En 1838, el 29 de junio, muere su madre en Dollar. Jacobo con-Laba recién con 9 meses.
El 30 de noviembre de 1851 fallece también su padre. Jacobo Quedó a la edad de 14 años huérfano de madre y padre.

Justamente ese año, 1851, Jacobo había logrado ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo, donde tras siete años de estudios el 2 de Agosto de 1858, a 37 días de cumplir 22 años, obtiene el título de Doctor en Medicina.

Al año siguiente, 1859, el 9 de abril rindió sus exámenes ante el Jurado del Real Colegio de Cirujanos de Edimburgo, obteniendo el título de Licenciado.

Se dice que tan luego se vio con el título bajo el brazo el joven médico anduvo en busca de trabajo, sin mayor suerte, pero que gracias al consejo de su condiscípulo, el Dr. Schmith y a la recomendación de su maestro y amigo el Dr. Syme, obtiene el puesto de médico en el vapor «Lima» en la línea de vapores Pacific Steam Navigation Company .que prestaba servicios entre Liverpool (Inglaterra) y las costas del Pacífico. El vapor «Lima» tenía por destino Callao, en el Perú.

El viernes 26 de mayo de 1859, a la una de la tarde parte de Liverpool, llegando al Callao días antes del 28 de julio, día de la independencia nacional, y en vista que este vapor cubría por vez primera esta ruta, el gobierno de ese entonces preparó una recepción oficial, la que asistió el propio Presidente de la República, Mariscal Don. Ramón Castilla, el mismo que estrechó la mano de toda la tripulación entre ellas, la del joven médico de la tripulación, el doctor Hunter.

Una vez en tierra no se sabe por qué razones decide quedarse, al poco tiempo obtuvo una colocación en el antiguo hospital de Bellavista-Lima, dedicado a la asistencia de marinos extranjeros y que era de propiedad del médico, irlandés doctor Juan Gallagher. Tras dos años de permanencia en Lima, el 20 de agosto de 1861, a la edad de 24 años logra revalidar sus estudios en la Universidad de San Marcos.

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Su llegada a Arequipa

Transcurría el mes de setiembre de 1861, cuando recibe la propuesta de trabajar en Arequipa por cuenta de un grupo de comerciantes extranjeros.

En diciembre de 1861, Jacobo D. Hunter llega a Arequipa, ciudad en la cual habría de vivir hasta su muerte.

Su primer consultorio lo tuvo en la esquina de las calles Piérola y Santo Domingo (hoy local de Braillard). Al principio sólo atendía a jefes y empleados, y a las familias de éstos, por cuenta de las casas que lo habían contratado.

Un 28 de agosto de 1863 contrae matrimonio con la dama de arequipa María Harmsen Averásturi de 16 años de edad. Ante la gran clientela, se afirma, decide trasladar su consultorio a la casona ubicada en la esquina Jerusalén y San José (sede actual de la corresponsalía del diario El Comercio de Lima).

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En 1882, el 13 de noviembre, fallece su esposa María Harmsen. Hunter tenía a la sazón 45 años. El doctor Hunter vivió entre 1870 y 1920 en la calle La Merced No 65. A pesar de que desde 1890 fijó su residencia en la villa de Tingo, donde construyó una residencia que por ese entonces le demandó 200 mil soles.

Entre 1920, hasta su muerte en 1926, su casa en la ciudad la estableció en Rivero 306, donde actualmente funciona el Colegio Divino Maestro.

Estando en Arequipa, en tres oportunidades viajó al antiguo mundo, las dos primeras en viajes de placer junto a su esposa en 1867 y 1880. El último viaje lo realizó en 1889 y fue con el objeto de recoger la herencia de su tío, también llamado Jacobo.

Tanto en 1878, como en 1900 estuvo seriamente enfermo que de no ser por la oportuna intervención hubiese fallecido. En 1917 a la edad de 80 años contrae segundas nupcias con su asistente la señora Manuela Oviedo.

Aunque en 1921 abandona el ejercicio de su profesión, tras 60 años de labor acertada y sacrificada, no faltaron personas que acudían en busca de mitigar sus enfermedades. Un domingo 29 de agosto de 1926 a pocos días de celebrar los 89 años, en circunstancias que realizaba uno de sus acostumbrados paseos en sus terrenos de Tingo sufrió una caída en una acequia, a raíz de la cual, luego de tres días de lenta agonía fallece un 1° de setiembre de 1926.

El diagnóstico que practicó el Dr. Benigno Ramírez del Villar señalaba que tenía uno de sus pulmones lesionado debido al golpe. En el parte médico se señala, sin embargo, que murió a consecuencia de una neumonía.

De inmediato su cuerpo fue trasladado a su casa de Rivero en la cual se realizó el velatorio hasta el día 03 de setiembre en que fue trasladado rumbo al Cementerio General donde descansa en un sencillo nicho del pabellón San Claudio Nº72 evidenciando un total abandono.

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Su labor social es inconmensurable

 

Ya desde 1868, a cinco años de casado, y con 31 años de edad, se dejó notar su cariño por Arequipa. En momentos en que se encontraba en Europa disfrutando de un viaje junto a su esposa, se enteró del terrible terremoto que devastó a Arequipa el 13 de agosto de ese año, desde París, donde se encontraba, envió ayuda para sus amigos pobres.

Este y otros gestos más vinieron a corroborarse en momentos muy difíciles, para nuestra patria en la guerra con Chile, en los cuales conjuntamente a su abnegada esposa María Harmsen convirtieron su casa de la Merced 65 en un taller fabril de costura, donde se reunían con amigos de iguales sentimientos patrióticos para confeccionar vestuarios para las tropas destacadas en nuestra ciudad y que estaban próximas a partir rumbo al sur.

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Mayores aspectos de esta faceta del doctor Hunter, los tuvo en el ejercicio sobresaliente de su profesión, sobre todo en beneficio de los pobres de Arequipa, llegando hasta su lecho solícitamente sin interés alguno, pues, no le interesaba la ganancia sino la satisfacción de un deber cumplido, lo que algunas fuentes orales confirman al señalar que el Dr. Hunter recorría las calles de Arequipa en su caballo inquiriendo a las personas por su estado de salud. Irradió además luces de su saber enseñando en el verdadero campo los secretos de la atención médica a varias generaciones de jóvenes médicos arequipeños, muchos de los cuales así lo reconocen, como más tarde el brillante galeno don Edmundo Escomel.

Profesaba, asimismo, un gran amor por los niños, quizá a despecho por la mala fortuna que le significó perder a sus dos únicas niñas de muy tierna edad. Uno de los niños, de ese entonces por citar, lo constituye un anciano que frisa los 90 años, llamado Velásquez, que vive actualmente en la calle Francia en Hunter. El recuerda que el Dr. Hunter estimulaba en todos los niños el hábito de la higiene, premiándolos no sólo con algunas propinas, sino con confites y golosinas.

De otra parte, cuantas veces Arequipa se vio amenaza por pestes y epidemias, que campeaban en esos años, todos volvían sus ojos hacia el noble sabio, que desde su mansión en Tingo disponía las medidas, gracias a las cuales se pudo conjurar tan terribles males que en otras partes ocasionaron estragos.

Durante la turbulenta vida de la Arequipa revolucionaria, el doctor. Hunter asistía a los bandos en pugna en forma desinteresada, lo que como anécdota se puede señalar que no faltaron ocasiones en ‘ que enemigos circunstanciales se juntaban en el consultorio del adnegado médico.
En reiteradas oportunidades las autoridades de ese entonces declararon su admiración y gratitud titulándolo como benefactor de Arequipa.

En el transcurso de varias décadas sirvió a la nación prestando gratuitamente servicios de médico legisla, llamado antes de turno, y en los hospitales civil y militar del departamento. Para mayor muestra tenemos lo que señaló el distinguido médico doctor Austo Pérez Araníbar sobre la labor filantrópica del doctor Jacobo Hunter: «Una infeliz, mujer al dar a luz, un hijo se encontraba en peligro de muerte a causa de una grave complicación que requería una delicada intervención quirúrgica, y no siendo posible operarla en su humilde tugurio, la hizo conducir a su propia casa la instaló cómodamente; practicó la operación necesaria y la asistió hasta su completo restablecimiento en forma gratuita».

«Un pobre muchacho sufrió una fractura en el cráneo con hundimiento de un fragmento. Sus padres, humildes campesinos, carecían de recursos para hacerlo curar. El doctor Hunter lo trasladó a su casa en estado comatoso, le hizo la trepanación y lo rodeó de todos los cuidados necesarios hasta conseguir su curación, y habiendo quedado afásico, lo retuvo por más de un año hasta devolverle el uso de la palabra mediante la reeducación».

«Una desgraciada, viuda llena de hijos y de desdichas, sufría al mismo tiempo los tormentos de la enfermedad y los apremios del hambre. El doctor Hunter le asistió personalmente y le proporcionó todos los elementos necesarios para su curación y para el cuidado de sus hijos durante todo el tiempo que la enfermedad la imposibilitó para ocuparse de ellos».

Estos y otros análogos se suscitaron a lo largo del ejercicio profesional del doctor Hunter en Arequipa, refiere el Dr. Pérez Araníbar.

Esta vocación de servicio se complementa con la actitud científica, que siempre caracterizó a este noble médico, y su cariño por Arequipa. Ambas peculiaridades, se interrelacionan en trabajos de la magnitud de «Arequipa como ciudad de salud», «Observaciones sobre la disentería», «Abscesos hepáticos tratados antisépticamente», etc. También cuentan sus frecuentes colaboraciones en revistas científicas como las afamadas Medical Records (Nueva York), Practiones y Lan-cet (Londres), Archives of Surgery y Edimburg Medical (Escocia), entre muchas otras del orbe, en las cuales difundía no sólo la semiología de algunas enfermedades sino que también algunas características de Arequipa en un orden sanitario, como las propiedades de las aguas que brotan del subsuelo en Yumina.

Bien puede decirse, entonces, que el Dr. Jacobo Hunter si bien era norteamericano de nacimiento, escocés por sangre, demostró ser un gran arequipeño por sentimiento Esto no es para menos, porque, el grueso de su resistencia lo realiza, precipitadamente, en nuestro medio. Tal es así que por donde anduvo, desde que nació hasta su muerte, tenemos que vivió menos de un año en Indiana (donde nació); 20 años en Escocia; dos años en Lima para residir el resto de su vida en Arequipa, esto es 65 años.

Es bueno notar que durante su permanencia en nuestro medio le significó ser miembro de importantes instituciones de la envergadura del Directorio de la Sociedad de Beneficencia Pública, Sociedad Médica, fundador del prestigioso Club Arequipa, y muchas más.

Sin menoscabo de las grandes amistades que tuvo, de ellas sobresalen las de varios presidentes del Perú, como don Ramón Castilla, Manuel Pardo, Mariano I. Prado, Eduardo López de Romana, Manuel Cándame, y la del egregio autor de las Tradiciones Peruanas, don Ricardo Palma.

Fisonómicamente, el doctor Hunter era alto, esbelto, de tez blanca, mejillas sonrosadas, ojos de color oscuro al igual que su cabello y barba, frente vasta y serena, de complexión sana y fuerte, su presencia infundía confianza, respeto y alegría.

Hoy más que nunca en que la palabra Hunter cobra cierto interés en razón de su pronta distritalización, muchos en realidad no sabían cuál era el significado que tiene para Arequipa la insigne persona del doctor Hunter.

Cabe mencionar que la urbanización de dicho nombre surgió allá por 1948, 22 años después de la sentida muerte del filántropo, en unos terrenos que fueron de su propiedad y que son donadas por su viuda doña Manuela Oviedo, ante la proposición de crear una urbanización con el apellido del ilustre médico, hecha por uno de sus gestores don Manuel Zúñiga García, socio fundador de la Urbanización Hunter.

Más allá que el Sólo nombre de dicha urbanización, el pueblo de Arequipa, a través de sus autoridades, las instituciones a las que él perteneció, y los propios vecinos de Hunter en estos próximos 65 años de su muerte que se recuerde el 1 de setiembre, no han materializado absolutamente nada en memoria de aquel hombre, que es uno de los excepcionales casos en los cuales alguien haya ejercido la medicina en el Perú cerca de 67 años consecutivos.

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